José Hernández, Dando Respuesta.
Corría el año de 1994 cuando José Hernández comenzó
su carrera periodística, como cartonista, en medios como El Chahuistle, El
Chamuco y Milenio Semanal. En ese entonces, quizá, jamás hubiese imaginado que
más adelante sería promotor de movimientos como No más Sangre o la marcha en
contra del desafuero de Andrés Manuel López Obrador que lo llevó a publicar, en
coautoría con El Fisgón, el libro de ilustraciones La Canallada del Desafuero
Para Principiantes (Grijalbo, 2005).
Sin embargo, su odisea le valió el Premio Nacional
de Periodismo 2001 –en el rubro Caricatura, Portada y Cartones–, acontecimiento
que no significó nada: aunque recibió una "lana" que gastó en un
viaje a Europa (en ese sentido le dio mucho gusto), reflexionó que dicho
galardón lo ha recibido gente muy talentosa, honorable, respetable y, de igual
forma, gente lamentable... verdaderos miserables.
Desde septiembre de 2005 colabora en La Jornada, y
en octubre del mismo año decidió incursionar en el semanario Proceso mediante
la sección Mono Sapiens que realiza junto a uno de sus amigos caricaturistas
más cercanos: Antonio Helguera. Su aparición en estos medios periodísticos
marcó una etapa radical en su vida, pues manifiesta que son probablemente los
medios más críticos de México. Además, junto a Rius, El Fisgón, Helguera y
Patricio, es codirector de El Chamuco y los Hijos del Averno, revista
especializada en caricatura política.
La hazaña de Hernández es expresarse con honestidad
para participar en la formación de una sociedad informada, organizada y capaz
de representar un contrapeso del gobierno que se torna cada vez más
sinvergüenza, y, aunque no ha enfrentado censura por parte de éste, teme que el
retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la
República traiga consigo la represión característica de su dictadura de partido
en el siglo pasado. Frente a este escenario espera que sus acciones de
represalias no tengan el efecto producido durante las antiguas administraciones
priistas.
José Hernández, Criticón.
Halla así el acervo que esgrime para ejercer su crítica a las cabecillas desfachatadas de este pueblo inequitativo donde, de su propia voz, la democracia es estrangulada por las persistentes colusiones gubernamentales. Ante la ignominiosa situación, sabe, no verá un cambio radical; aun así, no tirará la toalla en su lucha por que algún día ocurra, ni dejará de decir lo que cree ni de creer en sus palabras, pues todas las causas que abraza son causas perdidas... motivo insuficiente para dejar de creer en ellas. La caricatura hará su deber.
José Hernández, Criticón.
Halla así el acervo que esgrime para ejercer su crítica a las cabecillas desfachatadas de este pueblo inequitativo donde, de su propia voz, la democracia es estrangulada por las persistentes colusiones gubernamentales. Ante la ignominiosa situación, sabe, no verá un cambio radical; aun así, no tirará la toalla en su lucha por que algún día ocurra, ni dejará de decir lo que cree ni de creer en sus palabras, pues todas las causas que abraza son causas perdidas... motivo insuficiente para dejar de creer en ellas. La caricatura hará su deber.
José Henández, personaje gustoso de los dibujos
desde niño –ya que en lugar de hacer aventuras con los juguetes, ilustraba las
aventuras–, me abrió las puertas de su casa repleta de pinturas y fotografías
al estilo "Casablanca" –película de la cual, por cierto, tiene una
escena hecha caricatura– para descubrirnos lo que hay detrás de sus cartones.
La
libertad de expresión
El caricaturista Eduardo del Río "Rius"
influyó en la vida de Hernández. Desde pequeño disfrutaba mucho admirar sus
monos, además de sus obras con diálogos; pero, sin duda alguna, su familia fue
el factor determinante en el enfoque político que adquirió. El mejor ejemplo:
sus hermanos, quienes eran estudiantes universitarios durante la ola
revolucionaria de México 68.
Según el monero, la finalidad de la caricatura
–"género de la exageración, humor e irracionalidad"– política es una
en especial: evidenciar los vicios y excesos de los funcionarios públicos, de
la gente que está en el poder, siempre y cuando se base en evidencias
comprobables y documentadas. Advirtió que el punto esencial del asunto no es
retar a la autoridad, sino simplemente ponerlos en evidencia, debido a que el
cartón político está erigido en una premisa fundamental: el miedo al ridículo
modifica la conducta; pensamiento que sólo se perpetúa en la teoría, puesto que
dichos personajes siguen comportándose cínicamente.
La importancia de la caricatura política varía de
acuerdo al lugar en que se origina, es decir, depende, en gran
medida, de la situación política y social que se viva en un lugar determinado.
En el caso de México, éste cuenta con una gran tradición de caricatura, desde
el siglo XIX, cuando surgió el primer periódico; en contraste, se presenta como
sátira porque el abuso del poder por parte de la clase política siempre ha
caracterizado al país azteca.
Tal grupo confía aún en los medios que se venden al
mejor postor, entonces, ya no les importa la opinión pública, pero la cuestión
es no dejar de emitir nuestras críticas. Por lo tanto, la libertad de
expresión, aunada al derecho a la información, es cabal dentro de una sociedad
civilizada en la que criticar a la gente en el poder es lo más sano para
ejercer un contrapeso real, cuya tarea es demostrar nuestra inconformidad.
Si bien la libertad de expresión juega el papel
primordial dentro de la caricatura política, en México es una libertad a
medias. Como en casi todos los aspectos: la disparidad es muy grande. En todos
los ámbitos éste es el lugar de "las grandes diferencias e
injusticias", y, en cuanto a libertad de expresión concierne, la censura
todavía persiste; razón por la cual decidió crear, junto a sus compadres
caricaturistas, El Chamuco y los Hijos del Averno.
En este contexto, la profundidad de la limitación
en radio es honda, en televisión es mayor.
"Lo que este conductor que sale en el Canal 2
a las 10:30 de la noche puede decir al aire está completamente controlado. Él
no puede decir una sola palabra que no esté controlada por los dueños de la
televisora que, a la vez, están de acuerdo con el discurso oficial del
gobierno". El caso de Elena Poniatowska, quien criticó la televisión en
ese mismo canal, "les da el perfecto argumento de decir que hay pluralidad
y libertad de expresión porque le dan cabida a una voz incidente... claro, es
una voz de dos minutos contra veintitrés horas con cincuenta y tres minutos; es
decir, todo lo contrario".
José Hernández, Normalidad.
José Hernández, Normalidad.
De igual manera, el gobierno utiliza el mismo
testimonio para presumir que en México radican medios libres enaltecedores de
la pluralidad de opinión, aunque la realidad sea distinta en su totalidad.
Conveniente es para ellos la uniformidad de los medios; dañina para la
sociedad.
La manipulación que padecen los medios informativos
en provincia es una cuestión que hace 40 ó 50 años era normal, pero, se supone,
ya no tendría por qué acaecer en la actualidad. Si en la Ciudad de México es
posible destapar diversos temas, "en los Estados hay caciques,
gobernadores, y ahí sólo se dice lo que ellos quieren".
En un viaje que realizó a Veracruz encontró
periódicos, los cuales reproducían de forma idéntica las cabezas de las notas
informativas que esbozaban una declaración del actual gobernador Javier Duarte.
No modificaron una sola coma. Al igual que muchos periodistas –y ciudadanos–,
teme que el control y manipulación de los medios, la censura en sí, aumenten a
nivel nacional con el regreso del PRI a la silla presidencial: sospecha que el
nuevo gobierno priista intentará ser como el de Salinas, en el que sí hubo un
control casi absoluto de la prensa, además de tentativas por controlar y
censurar todo, pero coloca sus esperanzas en que no lo logren.
"Creo que incluso en medios como La Jornada va
a ser difícil dibujar muchos copetes y que te los publiquen, por lo menos habrá
algún intento de impedirlo. Mi chamba ahí será no permitir que se cierren esos
espacios; pero sí creo que habrá intentos de censura y control de los
medios".
Hasta la fecha no ha sufrido censura ni represión
en su faena como periodista, pero si tuviese pruebas contundentes para aseverar
que eso ocurre, lo declararía públicamente con todas sus letras; sin ellas no
diría nada porque sería un acto irresponsable de su parte. No obstante, ha
encontrado cuatro elementos peculiares causantes de la exclusión de algunos
cartones, en los medios concebidos por él como los más críticos del país: La
Jornada y Proceso.
Las connotaciones sexuales, cuestiones
escatológicas, animalización de los personajes (uno de los aspectos que más
disfruta) y la muerte. Son cuestiones muy delicadas de manejar; los editores
son muy quisquillosos cuando las aborda más que nada "para no faltarle el
respeto a los lectores".
Si simboliza la corrupción dentro del Partido de la
Revolución Democrática (PRD) mediante un escusado lleno de desechos del cuerpo
humano; dibujar algún funcionario con cuerpo de perro; denunciar el excedente
cobro de impuestos a través de una representación gráfica en que el Secretario
de Hacienda abuse sexualmente de un civil; o la alianza entre Elba Esther
"La Maestra" Gordillo y el presidente Felipe Calderón evidenciándolos
juntos en una cama. En cuanto a la muerte, relató que creó una caricatura del
ex Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño justo al día siguiente de su
fallecimiento; éste fue el nodo que impidió su publicación.
En 2010 el diario La Jornada rechazó la divulgación
de un cartón con la referencia "para que la droga no llegue a tus hijos,
te los estamos matando" –en éste aludía a una matanza de jóvenes ocurrida
en Tijuana a causa de la declarada guerra contra el narcotráfico del Gobierno
Federal– debido al desagrado que podía provocar en los familiares de las
víctimas. Por esta delimitación, abrió su sitio en internet de caricaturas
alrededor de 2005, pues la mejor recompensa de su profesión es la apropiación
de sus monos por parte de las personas.
Tras el episodio del zapato que le arrojó un
periodista iraquí a George W. Bush en el ocaso de su mandato presidencial,
Hernández lo caricaturizó en "Retrato Oficial" –publicado por el
diario antes mencionado–: reflejó sus facciones en un calzado viejo. Meses
después un lector le mandó la liga del portal oriental de noticias Aljazeera,
donde aparecía una manifestación egipcia, en contra del ex mandatario
estadounidense, que recurrió a su reproducción en una manta gigante. Este tipo
de sucesos es el que en verdad incentiva su compromiso.
Con la seriedad y falta de diversión que, confesó,
caracteriza a sus parodias (si la tienen es más que nada escarnio), el
dibujante remarcó que caricaturizar a las mismas personas todos los días es
cansado, por eso toma su tiempo libre para crear otro tipo de personajes. Si
plasma a Felipe Calderón, no deja de lado a personas que admira: los cineastas
Alfred Hitchcock y Robert De Niro, o los escritores Julio Cortázar y Gabriel
García Márquez, por ejemplo.
José Hernández, Alfred Hitchcock.
No Más Sangre
En la sala de su hogar resalta una de las obras más personales del también pintor egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP): un cuadro bañado en color azul con dos retratos grises que capturan en cada uno, por separado, la imagen de dos ancianos: sus padres. Y es que además ejecuta actividades complementarias a sus caricaturas como el reclamo en las
calles con el fin de detener la hecatombe producida por el "obvio fracaso de la estrategia contra el narco de Felipe Caderón", al que se unieron cientos de voces.
A principio de 2011, No Más Sangre –considerado por
él como una convicción y no como un movimiento–, fue comenzado por Rius
mediante la invitación para exigir el cesar de la guerra antidroga que hizo a
los demás moneros. Éstos aceptaron la petición y lanzaron a través de su
trabajo ilustrativo, en los distintos medios en que participan, una
convocatoria para también unirse. Al principio Hernández pensó que el aliciente
no trascendería, pero los hechos mostraron todo lo contrario: la respuesta de
la gente y la envergadura de lo logrado fueron demasiado amplias. La
importancia del No Más Sangre se comprobó cuando rebasaron los medios
tradicionales de comunicación; cuando cumplieron su indiscutible misión, su
mayor logro.
Televisa lanzó su Iniciativa México 2, "una
especie de código de ética que firmó el 99.9 por ciento de los medios de
comunicación", con la cual acordaban el manejo mediático de las noticas
referentes a la estrategia contra el narcotráfico. La Iniciativa lanzó varios
promocionales del acuerdo; uno de ellos hablaba de No Más Sangre. El mensaje
emitido por los voceros de la televisora –y del gobierno– hacía reseña a una
actitud de impunidad hacia los narcotraficantes que supuestamente adquirían los
promotores del movimiento, pues, afirmaban, no querían que se combatiera a los
criminales; idea que tergiversaba por completo la esencia del grito opositor.
El señuelo civil había atrapado la atención mediática.
José Hernández, Desmagritte.
Convicción ante todo
A pesar que el número de víctimas de la guerra
contra las drogas aumentó –y continúa así–, No Más Sangre unió y organizó a
cientos de personas: solución requerida por muchos de los problemas que hoy en
día embriagan a nuestra nación.
El valor de construir una sociedad informada y
organizada radica en que, si ésta existe, la susceptibilidad de manipulación es
menor, sin olvidar los beneficios civiles brindados por las decisiones tomadas
en las altas esferas del poder. Éste es el golpe clave para ganar el arriesgado
torneo en que se encuentra la sociedad mexicana. Las manifestaciones,
"insuficientes pero necesarias", son el trayecto para esquivar las
curvas beligerantes que fustigan al carril mexicano.
Desde hace casi dos décadas, el señor José
Hernández ha encontrado en la caricatura periodística la sustancia infalible
para criticar desde abajo a las personas dirigentes de esta patria donde no
existen "ni justicia ni democracia", sino sólo "arreglos
cupulares". Esa sustancia se prepara con la adquisición de una postura
clara, terminante y subjetiva, ya que para defender cualquier contienda y
sentenciar los comportamientos nocivos de los funcionarios públicos es menester
convencerse de lo que nos impulsa a hacerlo, qué se busca y con qué se sueña.
No se puede "ser equilibrado ante una realidad completamente
desequilibrada".
Sin importar cuánto tiempo tome, continuará
señalando a quienes se pavonean en las encrucijadas de un laberinto de la
soledad que acorrala más y más a miles de mexicanos.
Homogeneizado por la ideología de un hombre que
salvaguarda el Artículo 6º Constitucional, le agradecí por permitirme entrar al
trasfondo que envuelve a sus caricaturas, y, claro, no podía dejar de sacar mi
revista Proceso No. 1875 para conseguir su autógrafo en la edición de Mono Sapiens
"A Las Estatuas de Marfil", donde se mofa del monumento de bronce
–tamaño natural– que inmortalizará a Calderón en la Residencia Oficial de los
Pinos, cuyo valor en pesos será no más de 500 mil, según datos de la ficha
técnica que el Estado Mayor Presidencial envió a la Secretaría de Hacienda y
Crédito Público (SHCP) a fin de argumentar dicha inversión.




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