domingo, 14 de abril de 2013

Libertad de Expresión en México, Libertad a Medias




                                                              José Hernández, Dando Respuesta.

Corría el año de 1994 cuando José Hernández comenzó su carrera periodística, como cartonista, en medios como El Chahuistle, El Chamuco y Milenio Semanal. En ese entonces, quizá, jamás hubiese imaginado que más adelante sería promotor de movimientos como No más Sangre o la marcha en contra del desafuero de Andrés Manuel López Obrador que lo llevó a publicar, en coautoría con El Fisgón, el libro de ilustraciones La Canallada del Desafuero Para Principiantes (Grijalbo, 2005).
Sin embargo, su odisea le valió el Premio Nacional de Periodismo 2001 –en el rubro Caricatura, Portada y Cartones–, acontecimiento que no significó nada: aunque recibió una "lana" que gastó en un viaje a Europa (en ese sentido le dio mucho gusto), reflexionó que dicho galardón lo ha recibido gente muy talentosa, honorable, respetable y, de igual forma, gente lamentable... verdaderos miserables.
Desde septiembre de 2005 colabora en La Jornada, y en octubre del mismo año decidió incursionar en el semanario Proceso mediante la sección Mono Sapiens que realiza junto a uno de sus amigos caricaturistas más cercanos: Antonio Helguera. Su aparición en estos medios periodísticos marcó una etapa radical en su vida, pues manifiesta que son probablemente los medios más críticos de México. Además, junto a Rius, El Fisgón, Helguera y Patricio, es codirector de El Chamuco y los Hijos del Averno, revista especializada en caricatura política.
La hazaña de Hernández es expresarse con honestidad para participar en la formación de una sociedad informada, organizada y capaz de representar un contrapeso del gobierno que se torna cada vez más sinvergüenza, y, aunque no ha enfrentado censura por parte de éste, teme que el retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la República traiga consigo la represión característica de su dictadura de partido en el siglo pasado. Frente a este escenario espera que sus acciones de represalias no tengan el efecto producido durante las antiguas administraciones priistas.


                                                                  José Hernández, Criticón.

Halla así el acervo que esgrime para ejercer su crítica a las cabecillas desfachatadas de este pueblo inequitativo donde, de su propia voz, la democracia es estrangulada por las persistentes colusiones gubernamentales. Ante la ignominiosa situación, sabe, no verá un cambio radical; aun así, no tirará la toalla en su lucha por que algún día ocurra, ni dejará de decir lo que cree ni de creer en sus palabras, pues todas las causas que abraza son causas perdidas... motivo insuficiente para dejar de creer en ellas. La caricatura hará su deber.
José Henández, personaje gustoso de los dibujos desde niño –ya que en lugar de hacer aventuras con los juguetes, ilustraba las aventuras–, me abrió las puertas de su casa repleta de pinturas y fotografías al estilo "Casablanca" –película de la cual, por cierto, tiene una escena hecha caricatura– para descubrirnos lo que hay detrás de sus cartones.
La libertad de expresión                                                      
El caricaturista Eduardo del Río "Rius" influyó en la vida de Hernández. Desde pequeño disfrutaba mucho admirar sus monos, además de sus obras con diálogos; pero, sin duda alguna, su familia fue el factor determinante en el enfoque político que adquirió. El mejor ejemplo: sus hermanos, quienes eran estudiantes universitarios durante la ola revolucionaria de México 68.
Según el monero, la finalidad de la caricatura –"género de la exageración, humor e irracionalidad"– política es una en especial: evidenciar los vicios y excesos de los funcionarios públicos, de la gente que está en el poder, siempre y cuando se base en evidencias comprobables y documentadas. Advirtió que el punto esencial del asunto no es retar a la autoridad, sino simplemente ponerlos en evidencia, debido a que el cartón político está erigido en una premisa fundamental: el miedo al ridículo modifica la conducta; pensamiento que sólo se perpetúa en la teoría, puesto que dichos personajes siguen comportándose cínicamente.
La importancia de la caricatura política varía de acuerdo al lugar en que se origina, es decir, depende, en gran medida, de la situación política y social que se viva en un lugar determinado. En el caso de México, éste cuenta con una gran tradición de caricatura, desde el siglo XIX, cuando surgió el primer periódico; en contraste, se presenta como sátira porque el abuso del poder por parte de la clase política siempre ha caracterizado al país azteca.
Tal grupo confía aún en los medios que se venden al mejor postor, entonces, ya no les importa la opinión pública, pero la cuestión es no dejar de emitir nuestras críticas. Por lo tanto, la libertad de expresión, aunada al derecho a la información, es cabal dentro de una sociedad civilizada en la que criticar a la gente en el poder es lo más sano para ejercer un contrapeso real, cuya tarea es demostrar nuestra inconformidad.
Si bien la libertad de expresión juega el papel primordial dentro de la caricatura política, en México es una libertad a medias. Como en casi todos los aspectos: la disparidad es muy grande. En todos los ámbitos éste es el lugar de "las grandes diferencias e injusticias", y, en cuanto a libertad de expresión concierne, la censura todavía persiste; razón por la cual decidió crear, junto a sus compadres caricaturistas, El Chamuco y los Hijos del Averno.
En este contexto, la profundidad de la limitación en radio es honda, en televisión es mayor.
"Lo que este conductor que sale en el Canal 2 a las 10:30 de la noche puede decir al aire está completamente controlado. Él no puede decir una sola palabra que no esté controlada por los dueños de la televisora que, a la vez, están de acuerdo con el discurso oficial del gobierno". El caso de Elena Poniatowska, quien criticó la televisión en ese mismo canal, "les da el perfecto argumento de decir que hay pluralidad y libertad de expresión porque le dan cabida a una voz incidente... claro, es una voz de dos minutos contra veintitrés horas con cincuenta y tres minutos; es decir, todo lo contrario".


                                                              José Hernández, Normalidad.
De igual manera, el gobierno utiliza el mismo testimonio para presumir que en México radican medios libres enaltecedores de la pluralidad de opinión, aunque la realidad sea distinta en su totalidad. Conveniente es para ellos la uniformidad de los medios; dañina para la sociedad.
La manipulación que padecen los medios informativos en provincia es una cuestión que hace 40 ó 50 años era normal, pero, se supone, ya no tendría por qué acaecer en la actualidad. Si en la Ciudad de México es posible destapar diversos temas, "en los Estados hay caciques, gobernadores, y ahí sólo se dice lo que ellos quieren".
En un viaje que realizó a Veracruz encontró periódicos, los cuales reproducían de forma idéntica las cabezas de las notas informativas que esbozaban una declaración del actual gobernador Javier Duarte. No modificaron una sola coma. Al igual que muchos periodistas –y ciudadanos–, teme que el control y manipulación de los medios, la censura en sí, aumenten a nivel nacional con el regreso del PRI a la silla presidencial: sospecha que el nuevo gobierno priista intentará ser como el de Salinas, en el que sí hubo un control casi absoluto de la prensa, además de tentativas por controlar y censurar todo, pero coloca sus esperanzas en que no lo logren.
"Creo que incluso en medios como La Jornada va a ser difícil dibujar muchos copetes y que te los publiquen, por lo menos habrá algún intento de impedirlo. Mi chamba ahí será no permitir que se cierren esos espacios; pero sí creo que habrá intentos de censura y control de los medios".
Hasta la fecha no ha sufrido censura ni represión en su faena como periodista, pero si tuviese pruebas contundentes para aseverar que eso ocurre, lo declararía públicamente con todas sus letras; sin ellas no diría nada porque sería un acto irresponsable de su parte. No obstante, ha encontrado cuatro elementos peculiares causantes de la exclusión de algunos cartones, en los medios concebidos por él como los más críticos del país: La Jornada y Proceso.
Las connotaciones sexuales, cuestiones escatológicas, animalización de los personajes (uno de los aspectos que más disfruta) y la muerte. Son cuestiones muy delicadas de manejar; los editores son muy quisquillosos cuando las aborda más que nada "para no faltarle el respeto a los lectores".
Si simboliza la corrupción dentro del Partido de la Revolución Democrática (PRD) mediante un escusado lleno de desechos del cuerpo humano; dibujar algún funcionario con cuerpo de perro; denunciar el excedente cobro de impuestos a través de una representación gráfica en que el Secretario de Hacienda abuse sexualmente de un civil; o la alianza entre Elba Esther "La Maestra" Gordillo y el presidente Felipe Calderón evidenciándolos juntos en una cama. En cuanto a la muerte, relató que creó una caricatura del ex Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño justo al día siguiente de su fallecimiento; éste fue el nodo que impidió su publicación.
En 2010 el diario La Jornada rechazó la divulgación de un cartón con la referencia "para que la droga no llegue a tus hijos, te los estamos matando" –en éste aludía a una matanza de jóvenes ocurrida en Tijuana a causa de la declarada guerra contra el narcotráfico del Gobierno Federal– debido al desagrado que podía provocar en los familiares de las víctimas. Por esta delimitación, abrió su sitio en internet de caricaturas alrededor de 2005, pues la mejor recompensa de su profesión es la apropiación de sus monos por parte de las personas.
Tras el episodio del zapato que le arrojó un periodista iraquí a George W. Bush en el ocaso de su mandato presidencial, Hernández lo caricaturizó en "Retrato Oficial" –publicado por el diario antes mencionado–: reflejó sus facciones en un calzado viejo. Meses después un lector le mandó la liga del portal oriental de noticias Aljazeera, donde aparecía una manifestación egipcia, en contra del ex mandatario estadounidense, que recurrió a su reproducción en una manta gigante. Este tipo de sucesos es el que en verdad incentiva su compromiso.
Con la seriedad y falta de diversión que, confesó, caracteriza a sus parodias (si la tienen es más que nada escarnio), el dibujante remarcó que caricaturizar a las mismas personas todos los días es cansado, por eso toma su tiempo libre para crear otro tipo de personajes. Si plasma a Felipe Calderón, no deja de lado a personas que admira: los cineastas Alfred Hitchcock y Robert De Niro, o los escritores Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, por ejemplo.


                                                                José Hernández, Alfred Hitchcock.

No Más Sangre                                                                                     

En la sala de su hogar resalta una de las obras más personales del también pintor egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP): un cuadro bañado en color azul con dos retratos grises que capturan en cada uno, por separado, la imagen de dos ancianos:    sus padres. Y es que además ejecuta actividades complementarias a sus caricaturas como el reclamo en las              
calles con el fin de detener la hecatombe producida por el "obvio fracaso de la estrategia contra el narco de Felipe Caderón", al que se unieron cientos de voces.
A principio de 2011, No Más Sangre –considerado por él como una convicción y no como un movimiento–, fue comenzado por Rius mediante la invitación para exigir el cesar de la guerra antidroga que hizo a los demás moneros. Éstos aceptaron la petición y lanzaron a través de su trabajo ilustrativo, en los distintos medios en que participan, una convocatoria para también unirse. Al principio Hernández pensó que el aliciente no trascendería, pero los hechos mostraron todo lo contrario: la respuesta de la gente y la envergadura de lo logrado fueron demasiado amplias. La importancia del No Más Sangre se comprobó cuando rebasaron los medios tradicionales de comunicación; cuando cumplieron su indiscutible misión, su mayor  logro.
Televisa lanzó su Iniciativa México 2, "una especie de código de ética que firmó el 99.9 por ciento de los medios de comunicación", con la cual acordaban el manejo mediático de las noticas referentes a la estrategia contra el narcotráfico. La Iniciativa lanzó varios promocionales del acuerdo; uno de ellos hablaba de No Más Sangre. El mensaje emitido por los voceros de la televisora –y del gobierno– hacía reseña a una actitud de impunidad hacia los narcotraficantes que supuestamente adquirían los promotores del movimiento, pues, afirmaban, no querían que se combatiera a los criminales; idea que tergiversaba por completo la esencia del grito opositor. El señuelo civil había atrapado la atención mediática.


                             José Hernández, Desmagritte.
 Convicción ante todo
A pesar que el número de víctimas de la guerra contra las drogas aumentó –y continúa así–, No Más Sangre unió y organizó a cientos de personas: solución requerida por muchos de los problemas que hoy en día embriagan a nuestra nación.
El valor de construir una sociedad informada y organizada radica en que, si ésta existe, la susceptibilidad de manipulación es menor, sin olvidar los beneficios civiles brindados por las decisiones tomadas en las altas esferas del poder. Éste es el golpe clave para ganar el arriesgado torneo en que se encuentra la sociedad mexicana. Las manifestaciones, "insuficientes pero necesarias", son el trayecto para esquivar las curvas beligerantes que fustigan al carril mexicano.
Desde hace casi dos décadas, el señor José Hernández ha encontrado en la caricatura periodística la sustancia infalible para criticar desde abajo a las personas dirigentes de esta patria donde no existen "ni justicia ni democracia", sino sólo "arreglos cupulares". Esa sustancia se prepara con la adquisición de una postura clara, terminante y subjetiva, ya que para defender cualquier contienda y sentenciar los comportamientos nocivos de los funcionarios públicos es menester convencerse de lo que nos impulsa a hacerlo, qué se busca y con qué se sueña. No se puede "ser equilibrado ante una realidad completamente desequilibrada".
Sin importar cuánto tiempo tome, continuará señalando a quienes se pavonean en las encrucijadas de un laberinto de la soledad que acorrala más y más a miles de mexicanos.
Homogeneizado por la ideología de un hombre que salvaguarda el Artículo 6º Constitucional, le agradecí por permitirme entrar al trasfondo que envuelve a sus caricaturas, y, claro, no podía dejar de sacar mi revista Proceso No. 1875 para conseguir su autógrafo en la edición de Mono Sapiens "A Las Estatuas de Marfil", donde se mofa del monumento de bronce –tamaño natural– que inmortalizará a Calderón en la Residencia Oficial de los Pinos, cuyo valor en pesos será no más de 500 mil, según datos de la ficha técnica que el Estado Mayor Presidencial envió a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a fin de argumentar dicha inversión.

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