domingo, 14 de abril de 2013

La Levedad de Nuestra Pintura Mexicana

Los pintores parecen no encajar en ningún lado. De entrada, los políticos los echan de la calle, el medio más eficaz para vender su arte. La gente los desdeña, pues prefiere comprar imitaciones en lugar de obras originales. Y por si fuera poco, los maestros del pincel, como tantos mexicanos, son forzados a dejar el país en búsqueda de condiciones poco más favorables de las que aquí encuentran.

Por otro lado, los avances tecnológicos parecen agraviar la situación, ya que formamos parte de una sociedad más interesada en adquirir dispositivos electrónicos que por acercarse al arte, la pintura y al conocimiento en general. Así es como la sociedad entra en una enajenante burbuja material que dificulta el pleno desarrollo de las pinceladas mexicanas.


                                                              Kim Young sun, Indígena.

La enajenación tecnológica

Mujeres charlando, jaguares y un mosaico de la Venus del Milo visten el taller de pintura de Pascual Granda Ávila, profesor en la Academia de San Carlos, desde donde atribuye a los avances tecnológicos parte del desdén mexicano hacia la pintura.

“El que nos haya alcanzado la tecnología nos ha vuelto más dependientes. Ahora todo te lo hace una computadora, hasta un cuadro. Hay programas en Inglaterra, en Holanda, donde pueden reproducir cualquier obra de arte, y pueden simular inclusive la pincelada con robots que están computarizados. Entonces, la parte humana, la sensible, se está perdiendo”.

A sus espaldas posa la virgen de Guadalupe. Combinados, el azul celeste del cielo y el verde vivo de su manto juegan a realzar el marrón de su piel. Hay personas que le han preguntado acerca del precio de la obra, cuyo valor es de dos mil pesos, pero, inconformes, afirman haberlo visto en otros lugares a sólo doscientos pesos, sin fijarse en el proceso manual de su elaboración, o que las otras sean reproducciones digitales.

La situación se agravia en ese contexto, ya que ni la sociedad ni los pintores quieren tomar la pintura como un estilo de vida; prostituirla se vuelve la salida más fácil. La gente ignora el arte, los artistas cambian el rumbo de su estilo y crean productos mercantilistas sin ninguna significación trascendente. Es un estado de enajenación tecnológica que repercute en el desarrollo cultural de todo el país: mientras más nos faciliten la vida, menos nos interesaremos por informarnos de lo que acontece a nuestro alrededor.

Es la mañana de cualquier miércoles en la Ciudad de México. El calor se mezcla con el smog y el tráfico vehicular. Voy hacia la clase del pintor y grabador de San Carlos, Guillermo Getino, en  la Casa Club del Académico en Ciudad Universitaria.

Las luces se encienden en el auditorio, el blues de B.B. King arde y al compás de éste los lápices de sus alumnos comienzan a delinear los cuerpos desnudos de tres chicas que solamente combinan con un diminuto mantel rojo, el cual lo único que tiene permitido cubrir es la mesa bajo ellas.

Sus discípulos comienzan a plasma a las mujeres desde sus asientos. Ahí cada uno toma una perspectiva del escenario. Su trabajo es personal. No importa cuál es la técnica aplicada individualmente: de forma geométrica o más naturalista, transparente o más grisácea.

Pinceladas individualistas

Guillermo Getino explica que la pintura siempre ha sido individualista y que, a diferencia de la música, en ella el autor piensa en sí mismo. Siempre se han creado obras pictóricas con fines sociales, si bien el sentido individual persiste, ya que es el mismo artista quien decide cómo orientar su trabajo, en el pasado adquirió un carácter social por los movimientos que hubo, pero se ha apagado porque en realidad no le interesa mucho al arte.

Según el pintor, la pintura no tiene como finalidad mirar las problemáticas sociales por el sendero solitario que sigue, aunque plasmarlos sería de suma importancia “porque no tienen ninguna otra forma de expresarse; están totalmente cercados”.

En la actualidad, las nuevas manifestaciones urbanas son creadas con esténciles y aerosol, donde el proceso es llegar  rápidamente al lugar en que se pintará y colocar la plantilla que moldeará la imagen. Hay pintores que cambian el nombre de las calles o escriben en los señalamientos frases como “no circular”, pero son perseguidos por realizar este tipo de manifestaciones.

En un sinfín de palabras, el día continúa. El calor aumenta, la tarde llega. Mis pasos van encaminados con melodía a La Esmeralda, academia del Instituto Nacional de la Bellas Artes (INBA) ubicada al sur del Distrito Federal.

La tarde se vuelve más densa, los colores en las pinturas cada vez más intensos. El pasillo del área de pintura es aún largo para apreciar la diversidad de sentimientos e ideologías en la Esmeralda. En un panorama acaparado por un grupo de aproximadamente diez jóvenes, me encuentro con Kim Young sun, profesora coreana que ayuda a jóvenes a dominar los pinceles desde hace tres años.

El análisis de Young sun es que la falta de retratos con contenido social en nuestro entorno cotidiano es originado por etapas de duración, pues, al igual que en la ropa, en la pintura hay modas. Cada movimiento artístico tiene su periodo de auge y con el transcurso del tiempo aparece uno nuevo que lo desplaza para posicionarse como tema principal.

 Foto: Facebook / Ivan Villaseñor Castañeda.
                                             
En México el tópico en boga es el arte abstracto, que ha tenido predominio por la influencia de Estados Unidos y algunos países europeos, y es que causan efecto en las producciones nacionales porque “ellos tienen el poder, entonces, se copia su moda”. El arte social se ve así desfasado, aunque, afirma, nunca se ha dejado de hacer.

Hay pintores enfocados en realidades que se viven hoy en día, como el narcotráfico. Algunos alumnos suyos e incluso ella, desde que vive aquí, han formado  parte de ese conjunto; varios han plasmado decapitados, gente con manos cortadas por la guerra contra el narcotráfico... recreaciones de imágenes diarias que se viven en el país.

Para la artista la importancia de dar vida a asuntos de este tipo a través de la pintura consiste en hacer reflexionar a la gente sobre la situación social que se vive.

Un problema político

Dos aulas después la clase de Iván Villaseñor está en curso también. El lugar es ataviado por el talento de sus alumnos. Cuando los pincelazos emanados de una chica que pule el marco de su prístina obra azul con blanco, Villaseñor se aproxima a la problemática del arte en 2013.

En nuestro país no se le da respeto a los a los artistas, es poca la inversión en ellos, apunta. El pueblo debe cubrir sus necesidades básicas, pero también necesita arte y cultura. De acuerdo con Villaseñor, el fondo en México para invertir en arte es del 0.2%, mientras que en Alemania es del 32%, y es que en México genera dinero todo menos el arte y la ciencia.

“Se requiere de invertir en becas, en apoyos, que el Estado también apoye la creatividad como necesidad del creador, pero también de la sociedad que necesita esparcimiento sano de alto nivel, no sólo básico. Hace falta educar con amor, creer en el potencial de la juventud para romper ese círculo vicioso”.

El arte tiene la posibilidad de denunciar situaciones como ésta, pero no es su fin, sino que es reflejo de su propia sociedad, ya que los artistas no tienen el potencial para cambiar el mundo, mas necesitan de apoyo social, político, cultural y económico.

Kim Young sun, Viaje de Muñeco Zapatista III.
                                                         

Lo mismo opina Liliana Guitrón, artista egresada de La Esmeralda, quien reafirma que el arte es un abanico de posibilidades, comúnmente truncados por la omisión del gobierno de culturizar a sus ciudadanos y no invertir capital en el arte, en parte porque los pintores no pagan impuestos y es más fácil desalojarlos del lugar en el cual venden su arte: la calle.

Es domingo por la noche. Las luces han invadido la Zona Rosa. Un clima álgido se ha adueñado bruscamente de la ciudad. Los artistas están por terminar el último día de los dos que tienen disponibles en ese sitio. Algunos platican entre ellos, otros dan información a los interesados en su trabajo, y Guitrón se cubre del frío en una silla; espera que los compradores pregunten por alguno de sus cuadros.

La calle Génova se ha caracterizado por ser uno de los principales andadores artísticos de la Ciudad de México. Cuando llega el fin de semana se tiñe de colores. Varios pintores exhiben en ella sus creaciones con la finalidad de ofrecerlas comercialmente al público. Pero no siempre fue así.

Hasta hace un par de años, los comerciantes estaban ahí presentes durante toda la semana, lo cual cambió a partir de que el gobierno del Distrito Federal decidiera regular el ambulantaje. Aunque Génova es una de las calles homosexuales más representativas de América Latina, los retratistas ahí instalados han dejado de forjar el sentir de ese sector: aquí se ha detenido la creación de esta temática por cuestiones gubernamentales que los obligan a abandonar su espacio y emigran a lugares donde su éxito como maestros de los colores tiene mayor futuro.

La perspectiva está llena de colores muy vivos. La pintora maneja los pinceles al estilo impresionista pop, un movimiento artístico que se basa en capturar escenas impresionistas con colores intensos, manteniendo influencia de los años sesenta, aunque modernizado. Enormes pinturas de Londres, Times Square, donde los pequeños elementos son muy detallados, y de Shakira y Avril Lavigne le dan un toque especial, pues es la única en toda la calle que trabaja en este ámbito.

Acceder a la pintura se dificulta, pues considera que es elitista. El costo promedio de las obras que pone a la vista de todos en el andador va de los veinte mil a los veinticinco mil pesos, sin embargo, ella ha decidido otorgarlos en cinco mil pesos aproximadamente.

 “Yo estoy en la calle porque quiero difundir la cultura con precios a nivel del pueblo. Pensamos que dar precios bajos dentro de la pintura ayuda a llevar educación a toda la gente, y yo también sobrevivo. De esta manera hay una ayuda mutua con el pueblo, porque vivimos siempre al cien por ciento de esta carrera que tenemos… nos ayuda muchísimo porque tenemos familia”.

Su idea es vulnerable ante el momento que se viven en la ciudad: el gobierno del Distrito Federal empezó a quitar a los comerciantes informales en Coyoacán y Álvaro Obregón, sin importar que sean artistas y no vendedores de tianguis. En Coyoacán los engañaron esgrimiendo el argumento de remodelar el parque donde las exponían al público, localizado en frente de un mercado en el que siempre vivieron indigentes. También los desplazó del camellón Álvaro Obregón.

Guitrón relata que la exdirigente de comerciantes populares, quien ahora funge como diputada priista, Alejandra Barrios, les arrebató a la fuerza el área que ocupaban para vender sus obras en el corredor artístico de esa delegación únicamente porque “a la señora le gustó”. En la querella hubo granaderos que intentaron golpear a sus compañeros, pero el coordinador del grupo rechazó entrar en cualquier tipo de acto violento.

A partir de entonces comenzaron las negociaciones con los delegados de Álvaro Obregón para recuperar el punto perdido. En suma, desde la calle Frontera hasta llegar a Insurgentes, el corredor se llenó de dos tianguis que ensuciaban tal territorio, por lo cual los colonos demostraron su aversión a la obstrucción del paso a los coches particulares de los mismos. Ante esta situación los dirigentes políticos permanecieron inmóviles.

Los residentes de la colonia Roma, quienes afirman que nunca habían estado en contra del corredor cultural, sino del tianguis, se han movilizado y han estado recolectando firmas para exigir su regreso. El resultado que trajo no haber discernido entre el corredor cultural y el tianguis es la perdida de trabajo que para ellos representa. Como ha podido el grupo de pintores independientes sigue luchando para regresar al corredor de la delegación Álvaro Obregón.

Condiciones similares viven en Génova, de donde la ha querido echar y donde los artistas no han tenido más remedio que huir a otros lugares en búsqueda de mayor facilidad de ofrecer sus creaciones y ganarse el sustento del día a día, debido a la falta de un documento que estipule la aprobación para comercializar en ese espacio. Lo incongruente se deja ver cuando las autoridades piden un documento que no expiden físicamente a los vendedores.


                                                          Kim Young sun, Elote y Papas.

La pintura que actualmente se produce en el país la tiene difícil en todo sentido: se topa con altas barreras erigidas desde el nivel escolar básico, y por el desprecio de personas que prefieren consumir tecnología que obras artísticas nacionales. La uniformidad perpetúa la distancia entre México y el arte.

Los expertos coinciden que, más allá de su carácter individualista, es difícil impulsar el arte en un contexto de indiferencia y descuido provenientes de distintos puntos de la sociedad. El círculo vicioso que engloba la apatía de los mexicanos hacia la pintura, su indiferencia hacia el conocimiento cultural amortiguado en las nuevas tecnologías, además de la escasa apuesta del Estado al crecimiento artístico de su población, debe romperse para englobar una sociedad interesada por su propio bienestar humanístico.

El problema viene desde la educación preescolar, cuando se comienza a carecer de una formación cultural y el aprendizaje sólo se limita a conocimientos duros, pero no se otorga la importancia requerida al arte, no hay materias plásticas para ellos, lo cual les ayudaría a formarlos como personas, más allá de profesionistas. Pero en una sociedad indiferente de su entorno, lo más cómodo es hacerse a la idea de que ser pintor equivale a llevar una vida de drogadicción o que su destino inamovible será nadar de hambre en el fracaso; lo más fácil es la lejanía de los mexicanos y la pintura, a total... “¡eso para qué sirve!”.

Libertad de Expresión en México, Libertad a Medias




                                                              José Hernández, Dando Respuesta.

Corría el año de 1994 cuando José Hernández comenzó su carrera periodística, como cartonista, en medios como El Chahuistle, El Chamuco y Milenio Semanal. En ese entonces, quizá, jamás hubiese imaginado que más adelante sería promotor de movimientos como No más Sangre o la marcha en contra del desafuero de Andrés Manuel López Obrador que lo llevó a publicar, en coautoría con El Fisgón, el libro de ilustraciones La Canallada del Desafuero Para Principiantes (Grijalbo, 2005).
Sin embargo, su odisea le valió el Premio Nacional de Periodismo 2001 –en el rubro Caricatura, Portada y Cartones–, acontecimiento que no significó nada: aunque recibió una "lana" que gastó en un viaje a Europa (en ese sentido le dio mucho gusto), reflexionó que dicho galardón lo ha recibido gente muy talentosa, honorable, respetable y, de igual forma, gente lamentable... verdaderos miserables.
Desde septiembre de 2005 colabora en La Jornada, y en octubre del mismo año decidió incursionar en el semanario Proceso mediante la sección Mono Sapiens que realiza junto a uno de sus amigos caricaturistas más cercanos: Antonio Helguera. Su aparición en estos medios periodísticos marcó una etapa radical en su vida, pues manifiesta que son probablemente los medios más críticos de México. Además, junto a Rius, El Fisgón, Helguera y Patricio, es codirector de El Chamuco y los Hijos del Averno, revista especializada en caricatura política.
La hazaña de Hernández es expresarse con honestidad para participar en la formación de una sociedad informada, organizada y capaz de representar un contrapeso del gobierno que se torna cada vez más sinvergüenza, y, aunque no ha enfrentado censura por parte de éste, teme que el retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la República traiga consigo la represión característica de su dictadura de partido en el siglo pasado. Frente a este escenario espera que sus acciones de represalias no tengan el efecto producido durante las antiguas administraciones priistas.


                                                                  José Hernández, Criticón.

Halla así el acervo que esgrime para ejercer su crítica a las cabecillas desfachatadas de este pueblo inequitativo donde, de su propia voz, la democracia es estrangulada por las persistentes colusiones gubernamentales. Ante la ignominiosa situación, sabe, no verá un cambio radical; aun así, no tirará la toalla en su lucha por que algún día ocurra, ni dejará de decir lo que cree ni de creer en sus palabras, pues todas las causas que abraza son causas perdidas... motivo insuficiente para dejar de creer en ellas. La caricatura hará su deber.
José Henández, personaje gustoso de los dibujos desde niño –ya que en lugar de hacer aventuras con los juguetes, ilustraba las aventuras–, me abrió las puertas de su casa repleta de pinturas y fotografías al estilo "Casablanca" –película de la cual, por cierto, tiene una escena hecha caricatura– para descubrirnos lo que hay detrás de sus cartones.
La libertad de expresión                                                      
El caricaturista Eduardo del Río "Rius" influyó en la vida de Hernández. Desde pequeño disfrutaba mucho admirar sus monos, además de sus obras con diálogos; pero, sin duda alguna, su familia fue el factor determinante en el enfoque político que adquirió. El mejor ejemplo: sus hermanos, quienes eran estudiantes universitarios durante la ola revolucionaria de México 68.
Según el monero, la finalidad de la caricatura –"género de la exageración, humor e irracionalidad"– política es una en especial: evidenciar los vicios y excesos de los funcionarios públicos, de la gente que está en el poder, siempre y cuando se base en evidencias comprobables y documentadas. Advirtió que el punto esencial del asunto no es retar a la autoridad, sino simplemente ponerlos en evidencia, debido a que el cartón político está erigido en una premisa fundamental: el miedo al ridículo modifica la conducta; pensamiento que sólo se perpetúa en la teoría, puesto que dichos personajes siguen comportándose cínicamente.
La importancia de la caricatura política varía de acuerdo al lugar en que se origina, es decir, depende, en gran medida, de la situación política y social que se viva en un lugar determinado. En el caso de México, éste cuenta con una gran tradición de caricatura, desde el siglo XIX, cuando surgió el primer periódico; en contraste, se presenta como sátira porque el abuso del poder por parte de la clase política siempre ha caracterizado al país azteca.
Tal grupo confía aún en los medios que se venden al mejor postor, entonces, ya no les importa la opinión pública, pero la cuestión es no dejar de emitir nuestras críticas. Por lo tanto, la libertad de expresión, aunada al derecho a la información, es cabal dentro de una sociedad civilizada en la que criticar a la gente en el poder es lo más sano para ejercer un contrapeso real, cuya tarea es demostrar nuestra inconformidad.
Si bien la libertad de expresión juega el papel primordial dentro de la caricatura política, en México es una libertad a medias. Como en casi todos los aspectos: la disparidad es muy grande. En todos los ámbitos éste es el lugar de "las grandes diferencias e injusticias", y, en cuanto a libertad de expresión concierne, la censura todavía persiste; razón por la cual decidió crear, junto a sus compadres caricaturistas, El Chamuco y los Hijos del Averno.
En este contexto, la profundidad de la limitación en radio es honda, en televisión es mayor.
"Lo que este conductor que sale en el Canal 2 a las 10:30 de la noche puede decir al aire está completamente controlado. Él no puede decir una sola palabra que no esté controlada por los dueños de la televisora que, a la vez, están de acuerdo con el discurso oficial del gobierno". El caso de Elena Poniatowska, quien criticó la televisión en ese mismo canal, "les da el perfecto argumento de decir que hay pluralidad y libertad de expresión porque le dan cabida a una voz incidente... claro, es una voz de dos minutos contra veintitrés horas con cincuenta y tres minutos; es decir, todo lo contrario".


                                                              José Hernández, Normalidad.
De igual manera, el gobierno utiliza el mismo testimonio para presumir que en México radican medios libres enaltecedores de la pluralidad de opinión, aunque la realidad sea distinta en su totalidad. Conveniente es para ellos la uniformidad de los medios; dañina para la sociedad.
La manipulación que padecen los medios informativos en provincia es una cuestión que hace 40 ó 50 años era normal, pero, se supone, ya no tendría por qué acaecer en la actualidad. Si en la Ciudad de México es posible destapar diversos temas, "en los Estados hay caciques, gobernadores, y ahí sólo se dice lo que ellos quieren".
En un viaje que realizó a Veracruz encontró periódicos, los cuales reproducían de forma idéntica las cabezas de las notas informativas que esbozaban una declaración del actual gobernador Javier Duarte. No modificaron una sola coma. Al igual que muchos periodistas –y ciudadanos–, teme que el control y manipulación de los medios, la censura en sí, aumenten a nivel nacional con el regreso del PRI a la silla presidencial: sospecha que el nuevo gobierno priista intentará ser como el de Salinas, en el que sí hubo un control casi absoluto de la prensa, además de tentativas por controlar y censurar todo, pero coloca sus esperanzas en que no lo logren.
"Creo que incluso en medios como La Jornada va a ser difícil dibujar muchos copetes y que te los publiquen, por lo menos habrá algún intento de impedirlo. Mi chamba ahí será no permitir que se cierren esos espacios; pero sí creo que habrá intentos de censura y control de los medios".
Hasta la fecha no ha sufrido censura ni represión en su faena como periodista, pero si tuviese pruebas contundentes para aseverar que eso ocurre, lo declararía públicamente con todas sus letras; sin ellas no diría nada porque sería un acto irresponsable de su parte. No obstante, ha encontrado cuatro elementos peculiares causantes de la exclusión de algunos cartones, en los medios concebidos por él como los más críticos del país: La Jornada y Proceso.
Las connotaciones sexuales, cuestiones escatológicas, animalización de los personajes (uno de los aspectos que más disfruta) y la muerte. Son cuestiones muy delicadas de manejar; los editores son muy quisquillosos cuando las aborda más que nada "para no faltarle el respeto a los lectores".
Si simboliza la corrupción dentro del Partido de la Revolución Democrática (PRD) mediante un escusado lleno de desechos del cuerpo humano; dibujar algún funcionario con cuerpo de perro; denunciar el excedente cobro de impuestos a través de una representación gráfica en que el Secretario de Hacienda abuse sexualmente de un civil; o la alianza entre Elba Esther "La Maestra" Gordillo y el presidente Felipe Calderón evidenciándolos juntos en una cama. En cuanto a la muerte, relató que creó una caricatura del ex Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño justo al día siguiente de su fallecimiento; éste fue el nodo que impidió su publicación.
En 2010 el diario La Jornada rechazó la divulgación de un cartón con la referencia "para que la droga no llegue a tus hijos, te los estamos matando" –en éste aludía a una matanza de jóvenes ocurrida en Tijuana a causa de la declarada guerra contra el narcotráfico del Gobierno Federal– debido al desagrado que podía provocar en los familiares de las víctimas. Por esta delimitación, abrió su sitio en internet de caricaturas alrededor de 2005, pues la mejor recompensa de su profesión es la apropiación de sus monos por parte de las personas.
Tras el episodio del zapato que le arrojó un periodista iraquí a George W. Bush en el ocaso de su mandato presidencial, Hernández lo caricaturizó en "Retrato Oficial" –publicado por el diario antes mencionado–: reflejó sus facciones en un calzado viejo. Meses después un lector le mandó la liga del portal oriental de noticias Aljazeera, donde aparecía una manifestación egipcia, en contra del ex mandatario estadounidense, que recurrió a su reproducción en una manta gigante. Este tipo de sucesos es el que en verdad incentiva su compromiso.
Con la seriedad y falta de diversión que, confesó, caracteriza a sus parodias (si la tienen es más que nada escarnio), el dibujante remarcó que caricaturizar a las mismas personas todos los días es cansado, por eso toma su tiempo libre para crear otro tipo de personajes. Si plasma a Felipe Calderón, no deja de lado a personas que admira: los cineastas Alfred Hitchcock y Robert De Niro, o los escritores Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, por ejemplo.


                                                                José Hernández, Alfred Hitchcock.

No Más Sangre                                                                                     

En la sala de su hogar resalta una de las obras más personales del también pintor egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP): un cuadro bañado en color azul con dos retratos grises que capturan en cada uno, por separado, la imagen de dos ancianos:    sus padres. Y es que además ejecuta actividades complementarias a sus caricaturas como el reclamo en las              
calles con el fin de detener la hecatombe producida por el "obvio fracaso de la estrategia contra el narco de Felipe Caderón", al que se unieron cientos de voces.
A principio de 2011, No Más Sangre –considerado por él como una convicción y no como un movimiento–, fue comenzado por Rius mediante la invitación para exigir el cesar de la guerra antidroga que hizo a los demás moneros. Éstos aceptaron la petición y lanzaron a través de su trabajo ilustrativo, en los distintos medios en que participan, una convocatoria para también unirse. Al principio Hernández pensó que el aliciente no trascendería, pero los hechos mostraron todo lo contrario: la respuesta de la gente y la envergadura de lo logrado fueron demasiado amplias. La importancia del No Más Sangre se comprobó cuando rebasaron los medios tradicionales de comunicación; cuando cumplieron su indiscutible misión, su mayor  logro.
Televisa lanzó su Iniciativa México 2, "una especie de código de ética que firmó el 99.9 por ciento de los medios de comunicación", con la cual acordaban el manejo mediático de las noticas referentes a la estrategia contra el narcotráfico. La Iniciativa lanzó varios promocionales del acuerdo; uno de ellos hablaba de No Más Sangre. El mensaje emitido por los voceros de la televisora –y del gobierno– hacía reseña a una actitud de impunidad hacia los narcotraficantes que supuestamente adquirían los promotores del movimiento, pues, afirmaban, no querían que se combatiera a los criminales; idea que tergiversaba por completo la esencia del grito opositor. El señuelo civil había atrapado la atención mediática.


                             José Hernández, Desmagritte.
 Convicción ante todo
A pesar que el número de víctimas de la guerra contra las drogas aumentó –y continúa así–, No Más Sangre unió y organizó a cientos de personas: solución requerida por muchos de los problemas que hoy en día embriagan a nuestra nación.
El valor de construir una sociedad informada y organizada radica en que, si ésta existe, la susceptibilidad de manipulación es menor, sin olvidar los beneficios civiles brindados por las decisiones tomadas en las altas esferas del poder. Éste es el golpe clave para ganar el arriesgado torneo en que se encuentra la sociedad mexicana. Las manifestaciones, "insuficientes pero necesarias", son el trayecto para esquivar las curvas beligerantes que fustigan al carril mexicano.
Desde hace casi dos décadas, el señor José Hernández ha encontrado en la caricatura periodística la sustancia infalible para criticar desde abajo a las personas dirigentes de esta patria donde no existen "ni justicia ni democracia", sino sólo "arreglos cupulares". Esa sustancia se prepara con la adquisición de una postura clara, terminante y subjetiva, ya que para defender cualquier contienda y sentenciar los comportamientos nocivos de los funcionarios públicos es menester convencerse de lo que nos impulsa a hacerlo, qué se busca y con qué se sueña. No se puede "ser equilibrado ante una realidad completamente desequilibrada".
Sin importar cuánto tiempo tome, continuará señalando a quienes se pavonean en las encrucijadas de un laberinto de la soledad que acorrala más y más a miles de mexicanos.
Homogeneizado por la ideología de un hombre que salvaguarda el Artículo 6º Constitucional, le agradecí por permitirme entrar al trasfondo que envuelve a sus caricaturas, y, claro, no podía dejar de sacar mi revista Proceso No. 1875 para conseguir su autógrafo en la edición de Mono Sapiens "A Las Estatuas de Marfil", donde se mofa del monumento de bronce –tamaño natural– que inmortalizará a Calderón en la Residencia Oficial de los Pinos, cuyo valor en pesos será no más de 500 mil, según datos de la ficha técnica que el Estado Mayor Presidencial envió a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a fin de argumentar dicha inversión.

El Cobre Martillado: Emoción, Expresión y Sentimiento



En la Ciudadela –mercado artesanal ubicado en el corazón de la Ciudad de México–, don Pedro Ángel Urincho, un hombre que aprendió el oficio de su padre allá en Santa María del cobre, Michoacán, abrió las puertas de su negocio, de su vida, para delinear el contorno de las artesanías en un país con raíces milenarias que se encuentra inmerso en un mundo cada vez más globalizado.

Lleva trabajando prácticamente toda la vida con la técnica del martillado, pues tuvo su primer contacto con el cobre a los ocho años, y en la creación de artesanías ha encontrado, no sólo un modo de vida, sino una gran satisfacción y una forma de conseguir sustento para cubrir las necesidades de él y su familia.

Llegué al negocio de don Pedro –cerrado aún– y lo esperé recargado en una de las dos mesas que tiene colocadas afuera de éste. Comencé a observar desde ahí todas las piezas artesanales que tiene a lo largo de la habitación: vasijas colgadas, pequeños ceniceros y adornos en el centro sobre mesas, floreros en estantes, cuadros de flores colgados en la pared, y comales enganchados en las escaleras. Algunas más prominentes que otras, pero todas llamativas por igual. Transcurrió aproximadamente un cuarto de hora más, cuando don Pedro apareció en la escena tan colorida del mercado artesanal.


– ¡Buen día, don Pedro! –exclamé– ¿Cómo está?
–Qué tal –respondió con un tanto de seriedad.



Entró a su negocio, y estuvo ahí un par de minutos; abrió las tres entradas con que cuentan los clientes. En seguida salió con un trapo blanco: se trataba del mantel que utiliza para cubrir las dos mesas que tiene afuera, en las cuales coloca algunas piezas, sobre todo jarrones.


–Si gustas, comienza a hacerme las preguntas mientras yo voy arreglando aquí afuera –agregó.
–Me parece bien –le respondí.
Preparé mi grabadora y pluma, me acerqué a él y expresé:
–Dígame, don Pedro... ¿para qué hace artesanías?
–El propósito principal es tener lo necesario para los gastos familiares; después de eso, es muy satisfactorio crear, darle forma y tamaño a alguna pieza de la manera en que lo hacemos tradicionalmente.
– ¿Cómo lo hacen tradicionalmente?
– En el martillado se ocupan fierros de acero... como éste, mira –señaló un tubo en forma de escuadra que estaba en el piso–. Hay fierros que están en forma vertical, otros en horizontal. Todas las piezas tienen forma curva, si te das cuenta. Manipulamos la escuadra hacia arriba con un martillo para que salga esa forma curva. La etapa del proceso se llama "serrar", para esto el golpe es aplastar y estirar; es decir, la forma de golpear al matillo lleva tres movimientos: pegar, jalar y mover la pieza para que vaya cerrando. Un movimiento es a la pieza y dos al martilleo. A diferencia del barro, por ejemplo –movió sus manos ásperas y obscuras hacia arriba, simulando estirar algo–, le hacen así en un torno... pues es lo mismo, pero, en vez de hacerlo con las manos, se hace con un martillo.
-¿Cómo organiza la fabricación de sus piezas?
Somos varios familiares: nos repartimos el tiempo. Entonces, un tiempo forjamos las piezas, y otro venimos a atender aquí. Cuando estoy aquí hago piezas muy sencillas; en el taller hay más herramientas: se puede trabajar con fuego en gran cantidad, ya que esto se hace con fuego básicamente.
–La práctica de esta actividad es totalmente familiar. ¿Cómo fue que usted comenzó a fabricar artesanías, don Pedro?
–El primer contacto que tuve fue alrededor de los 8 años, porque mi papá me llevaba con él a su taller en Santa María del Cobre. Desde chico comencé a relacionarme con él. Recuerdo que la primera vez me mandaron a limpiar una pinza, pero, como yo no sabía nada de esto, metí al agua incluso aquellas herramientas que no debían mojarse.
– ¿Y qué herramientas utiliza?
– En una pieza puede invertirse mucha mano de obra, mucho tiempo. A veces hay que crear herramientas que no existen, y desde ese momento comienza el procedimiento.
– ¿Cuánto tiempo le lleva aproximadamente la creación de una pieza?
–Varía... alrededor de una semana. Precisamente el tiempo es lo que determina el precio.
–Por ejemplo, ¿cuáles son las más baratas?
–Las piezas más sencillas son como esta charola –señaló una charola muy simple, sin pintura; no por ello desagradable–; de las más complicadas es aquel florero que está allá –era uno muy grande y pintado con franjas azules–. Todo eso se toma en cuenta para el precio.
– ¿Cuál es el precio de ese florero?
–Ése cuesta 2,700 pesos. Son varios días los que se necesitan para forjar ese florero... semana y media aproximadamente.
–Me imagino que también influye el precio del material, del cobre en este caso...
–Así es. El material lo reciclamos. Primero, visualmente, se separa, ya conociendo sus características: el color y la ductilidad. Por estos elementos se separa el cobre. Después se funde y, por diferencia de peso, los metales más livianos suben y el cobre baja; de esta manera se separan y se ocupa sólo este último.
– ¿Y cómo lo reciclan?
–Se recupera de las cabinas de motores quemados, luego se funde. Si se va algún pedacito de estaño u otro metal, a la hora de la fundición se separa porque cada uno tiene un peso. Lo que no es cobre se quita, porque la fundición, precisamente, hace que el cobre esté líquido; es como agua hirviendo. Al final se toma lo que queda arriba, que es como una nata; lo de abajo se desecha, y queda nada más el cobre.
–Actualmente estamos pasando por una situación difícil para millones de mexicanos: la escases de huevos, que, por lo tanto, tiene un precio muy elevando... entre 40 y 50 pesos más o menos. ¿Pasa algo similar con el cobre?
–Sí, porque anteriormente la extracción de los metales la realizaban personas, empresas mexicanas, ahora son otras compañías extranjeras las que realizan dicha actividad, entonces, ya es más costoso.


En ese momento, una pareja se acercó a la mesa en que estábamos charlando, y comenzaron a observar las piezas ahí colocadas; por su forma de hablar me di cuenta que eran caribeños. Sin dudarlo mucho, la señora tomó una pulsera de cobre y le dijo a don Pedro que se la diera. El precio era de 40 pesos. En realidad no era una pulsera con muchos recovecos y carecía de colores. La gran mayoría de las personas que llegaron al recinto artesanal, durante nuestra charla, era extranjeros. Don Pedro cobró, entró al negocio y en seguida volvió a mí.


–Don Pedro –pregunté–, ¿quiénes consumen más productos artesanales: los mexicanos o los extranjeros?
–Es igual porque los mexicanos compran objetos menos costosos, pero con mayor utilidad. Un mexicano compra más una cacerola, un cazo, un sartén porque lo van a ocupar; un extranjero compra objetos para adornar.
Estamos en un mundo globalizado en el que cada día el poder de las grandes corporaciones aumenta. Vemos productos artesanales, de hecho, en tiendas como Liverpool...
–No cualquier persona va a poder hacer esto, ni cualquier transnacional tampoco, porque no tiene lo básico. Lo importante ahora es el desarrollo tecnológico-mercantilista, pero se necesita práctica y gusto para hacerlo, además de destreza y habilidad; mucha destreza mental a través de la práctica. Sólo en el pueblo de donde yo soy, Santa María del Cobre, se adquiere todo este conocimiento; en ningún otro país se hace de esta forma. Precisamente ayer vinieron unos españoles, y me dijeron que allá también se trabaja el cobre, pero de una forma muy burda y sencilla... aunque también su tradición por trabajarlo es antiquísima. Han venido chilenos, y también trabajan el cobre... pero todo muy simple.
–Sin embargo, por cualquier razón que sea, por la publicidad, etcétera, muchos mexicanos sí van a comprar artesanías a ese tipo de tiendas... prefieren comprar productos importados que a veces hasta traen la etiqueta "hecho en China". ¿Cómo lidian los artesanos ante esta situación?
–La única forma es crear piezas únicas, que no se encuentran en ningún otro lado del mundo... como las que estás viendo. Te decía que para hacer una pieza ideada no hay herramientas, y se necesita un martillo especial para dar esa forma circular –tomó una vasija completamente curva con forma de torso humano–; son herramientas muy especiales, te repito.
–En este sentido, ¿por qué son importantes las artesanías mexicanas?
–Porque ahorita todo está hecho en máquinas, mediante procedimiento tecnológico. Hay productos hechos en serie y se venden como artesanales. La técnica del martillado es muy primitiva, muy a mano... ellos usan herramientas sofisticadas. Ahí va una emoción y una expresión humana, estas piezas van más hechas con el sentimiento: ahí difieren las dos. La gente capta la emotividad de la pieza.
–Por último, don Pedro, me gustaría saber por qué es importante ir a mercados artesanales y comprar artesanías, ya sea venir a la Ciudadela o ir a cualquier otro mercado artesanal.
–Hay mucha diversidad de piezas artesanales. El comprar productos artesanales –reafirmó– ayuda a la creación de más ejemplares, y así se ayuda a que sigan existiendo tales representaciones mexicanas. Esencialmente es eso.


Agradecí a don Pedro, por haberme transmitido todo ese amor y pasión que siente por su trabajo, y que, sin duda alguna, transmite a las personas mediante las artesanías, por compartir su experiencia en el ámbito de los productos mexicanos hechos para continuar una tradición completamente milenaria.